Shigeru Ban y su arquitectura usando el papel como materia prima

2022-09-10 11:59:42 By : Ms. Jessie Lei

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El ser humano ha utilizado diferentes materiales en sus construcciones a lo largo de los años. La madera era fácil de obtener en la naturaleza y no precisaba demasiado tratamiento. La piedra podía tallarse y la arcilla cocerse para formar estructuras más resistentes. Con el tiempo llegaron el acero y el vidrio, y las edificaciones se hicieron más abiertas y ligeras.

La fibra de carbono y los plásticos necesitaron procesos de elaboración más complejos y sus residuos dejaban remanentes difíciles de ser reaprovechados. Cada uno de ellos tiene una razón de ser, así como unas bondades y problemáticas asociadas a su uso en la edificación.

La búsqueda de alternativas más respetuosas con el medio ambiente sigue siendo una preocupación a día de hoy: sistemas eficientes, replicables a gran escala, fáciles de producir y ensamblar… Incógnitas que forman parte de una ecuación difícil de resolver. Hasta que llegó un japonés para enseñarnos que se podía construir con papel.

11 de marzo de 2011. En la costa nordeste de Japón se produjo un terremoto con magnitud 9 en la escala Richter que sacudió el país. La región de Tōhoku fue la más afectada, no tanto por el movimiento de tierras, sino por una de las consecuencias más devastadoras que tienen estos fenómenos cuando se originan en medio del mar: un tsunami de hasta diez metros de altura alcanzó la costa de Sendai, arrasando con todo a su paso.

A las más de 15.000 muertes y 2.500 personas desaparecidas había que sumar el daño que sufrieron gran parte de las infraestructuras y construcciones de los asentamientos próximos a la costa. Muchos de los supervivientes se encontraron sin un lugar para vivir tras la catástrofe.

A la cuestión ¿qué papel desempeña un arquitecto en un desastre de esta magnitud?, Shigeru Ban decidió responder con eso mismo: con papel.

En una primera fase que duró meses, los refugiados se alojaron en grandes naves y gimnasios que fueron transformados para la ocasión. El arquitecto y su equipo aportaron 1.800 unidades para que fueran empleadas dentro de estos enormes ambientes. El sistema, creado a partir de tubos de cartón y papel, era versátil y permitía que se utilizara como aislante para el suelo o como biombos de separación durante la noche.

De esta manera se conseguía la privacidad necesaria para las familias, dentro de un espacio de gran escala sin fragmentar. Los damnificados lo habían perdido prácticamente todo, pero se aferraron a un sentimiento de comunidad que los unió y fortaleció frente a las adversidades. 

La rápida respuesta de Shigeru Ban tenía una explicación: no era la primera vez que el arquitecto utilizaba estas estructuras de cartón como solución temporal en una catástrofe.

Dieciséis años antes, en 1995, la ciudad de Kobe había sufrido un temblor de magnitud 7,6. El conocido como Gran terremoto de Hanshin-Awaji dejó la ciudad tiritando y fue ahí cuando Ban decidió intervenir por primera vez. Era necesario crear refugios y su respuesta fue clara: se reutilizarían materiales en la producción de estas edificaciones. 

Las viviendas se levantaron del terreno como medida higiénica y para ello se utilizaron cajas de cerveza rellenas con sacos de arena para ganar consistencia. La materialidad del plástico lo convierte en un elemento resistente al agua, por lo que el suelo de los refugios permanecía seco en situaciones de tormenta.

Para los muros exteriores se emplearon tubos de cartón de cuatro milímetros de espesor, colocados verticalmente y unidos entre sí. El resto del sistema consistió en una cubierta de lona tensada y un aislamiento de cinta de esponja impermeable entre los tubos de papel para garantizar el confort interior. Máxima eficacia y mínimos materiales.

«La gente no muere por los terremotos, muere por el derrumbe de los edificios. Esa es la responsabilidad de los arquitectos, pero los arquitectos no están ahí cuando las personas necesitan algún tipo de estructura temporal porque estamos demasiado ocupados trabajando para los privilegiados. Incluso una estructura temporal puede  convertirse en un hogar»

«La gente no muere por los terremotos, muere por el derrumbe de los edificios. Esa es la responsabilidad de los arquitectos, pero los arquitectos no están ahí cuando las personas necesitan algún tipo de estructura temporal porque estamos demasiado ocupados trabajando para los privilegiados. Incluso una estructura temporal puede  convertirse en un hogar»

Seguramente, el hecho de pertenecer a una familia adinerada y sin problemas económicos le sirvió a Ban para darse cuenta de que quienes de verdad requerían sus servicios eran precisamente aquellos que no podían pagarle. Por eso decidió que, a partir de entonces, dedicaría la mitad de sus esfuerzos a los más necesitados. Proyectar museos y grandes complejos le serviría para recaudar fondos que posteriormente destinaría a seguir investigando y mejorando sus estructuras de cartón.

Más tarde, en 1999, decidió echar un cable a los refugios que estaba fabricando la ONU en Ruanda para los damnificados de la guerra civil. Allí estaban suministrando cubiertas de plástico y tubos de aluminio que se estaban vendiendo en el mercado negro, para luego ser reemplazados por ramas de árboles talados. Para evitar esta deforestación incontrolada, el arquitecto japonés ofreció sus estructuras de papel. Su solución volvía a funcionar para dar cobijo temporal en una situación de necesidad.

Al recubrir los tubos de cartón con tratamientos químicos, estos son capaces de soportar la lluvia y retardar la llama, en caso de que se produzca un incendio. Reforzando los puntos débiles del cartón, Shigeru había logrado un material muy fácil de producir, ligero de transportar, rápido de colocar, que no deja casi residuos en obra y con buenos comportamientos acústicos y térmicos.

Sin olvidarnos de que puede ser fabricado en prácticamente cualquier parte del mundo, gracias al papel reciclado. Sus investigaciones le permitieron seguir profundizando en mejorar la resistencia de este elemento estructural y utilizarlo en proyectos de mayor envergadura.

En el año 2011, la ciudad de Christchurch, en Nueva Zelanda, sufrió dos terremotos de 6,3 grados de magnitud con solo cuatro meses de diferencia. Su catedral neogótica de 130 años de antigüedad había quedado tan dañada que no pudo reconstruirse y las autoridades decidieron demolerla por completo. Es aquí cuando Ban entró de nuevo en escena, aprovechando que ya había creado una iglesia de papel en Kobe como espacio sagrado temporal. 

En esta nueva catedral utilizó madera laminada en el interior de los tubos, formando unos pórticos de 21 metros de altura, y en la base colocó ocho contenedores de acero para contrarrestar las cargas horizontales de la cubierta. Una catedral pensada para 700 personas y planteada como lugar de culto, pero también como espacio donde se pudieran organizar conciertos, exposiciones y eventos. El mobiliario, por supuesto de cartón, también fue diseñado por el arquitecto.

Un año después, Shigeru Ban recibía el premio Pritzker que lo reconocía como mejor arquitecto del mundo. 

Sus estructuras de papel han ayudado a cientos de personas que habían perdido su hogar en catástrofes naturales y bélicas. Todo gracias a un armazón polivalente que busca economizar cada uno de los procesos constructivos en los que interviene. Gracias a este sistema, montó su estudio de arquitectura en la cima del Centro Pompidou en París y, como cuenta con gran sentido del humor, le sirvió para no pagar ni un céntimo de alquiler durante seis años.

Sus cilindros de cartón han demostrado cómo la buena arquitectura, la que se piensa para ayudar desinteresadamente a la gente, sirve para que los más perjudicados recuperen la fe en situaciones de emergencia. Como dice Ban, «incluso un edificio de cartón puede permanecer si entusiasma a la gente».

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El ser humano ha utilizado diferentes materiales en sus construcciones a lo largo de los años. La madera era fácil de obtener en la naturaleza y no precisaba demasiado tratamiento. La piedra podía tallarse y la arcilla cocerse para formar estructuras más resistentes. Con el tiempo llegaron el acero y el vidrio, y las edificaciones se hicieron más abiertas y ligeras.

La fibra de carbono y los plásticos necesitaron procesos de elaboración más complejos y sus residuos dejaban remanentes difíciles de ser reaprovechados. Cada uno de ellos tiene una razón de ser, así como unas bondades y problemáticas asociadas a su uso en la edificación.

La búsqueda de alternativas más respetuosas con el medio ambiente sigue siendo una preocupación a día de hoy: sistemas eficientes, replicables a gran escala, fáciles de producir y ensamblar… Incógnitas que forman parte de una ecuación difícil de resolver. Hasta que llegó un japonés para enseñarnos que se podía construir con papel.

11 de marzo de 2011. En la costa nordeste de Japón se produjo un terremoto con magnitud 9 en la escala Richter que sacudió el país. La región de Tōhoku fue la más afectada, no tanto por el movimiento de tierras, sino por una de las consecuencias más devastadoras que tienen estos fenómenos cuando se originan en medio del mar: un tsunami de hasta diez metros de altura alcanzó la costa de Sendai, arrasando con todo a su paso.

A las más de 15.000 muertes y 2.500 personas desaparecidas había que sumar el daño que sufrieron gran parte de las infraestructuras y construcciones de los asentamientos próximos a la costa. Muchos de los supervivientes se encontraron sin un lugar para vivir tras la catástrofe.

A la cuestión ¿qué papel desempeña un arquitecto en un desastre de esta magnitud?, Shigeru Ban decidió responder con eso mismo: con papel.

En una primera fase que duró meses, los refugiados se alojaron en grandes naves y gimnasios que fueron transformados para la ocasión. El arquitecto y su equipo aportaron 1.800 unidades para que fueran empleadas dentro de estos enormes ambientes. El sistema, creado a partir de tubos de cartón y papel, era versátil y permitía que se utilizara como aislante para el suelo o como biombos de separación durante la noche.

De esta manera se conseguía la privacidad necesaria para las familias, dentro de un espacio de gran escala sin fragmentar. Los damnificados lo habían perdido prácticamente todo, pero se aferraron a un sentimiento de comunidad que los unió y fortaleció frente a las adversidades. 

La rápida respuesta de Shigeru Ban tenía una explicación: no era la primera vez que el arquitecto utilizaba estas estructuras de cartón como solución temporal en una catástrofe.

Dieciséis años antes, en 1995, la ciudad de Kobe había sufrido un temblor de magnitud 7,6. El conocido como Gran terremoto de Hanshin-Awaji dejó la ciudad tiritando y fue ahí cuando Ban decidió intervenir por primera vez. Era necesario crear refugios y su respuesta fue clara: se reutilizarían materiales en la producción de estas edificaciones. 

Las viviendas se levantaron del terreno como medida higiénica y para ello se utilizaron cajas de cerveza rellenas con sacos de arena para ganar consistencia. La materialidad del plástico lo convierte en un elemento resistente al agua, por lo que el suelo de los refugios permanecía seco en situaciones de tormenta.

Para los muros exteriores se emplearon tubos de cartón de cuatro milímetros de espesor, colocados verticalmente y unidos entre sí. El resto del sistema consistió en una cubierta de lona tensada y un aislamiento de cinta de esponja impermeable entre los tubos de papel para garantizar el confort interior. Máxima eficacia y mínimos materiales.

«La gente no muere por los terremotos, muere por el derrumbe de los edificios. Esa es la responsabilidad de los arquitectos, pero los arquitectos no están ahí cuando las personas necesitan algún tipo de estructura temporal porque estamos demasiado ocupados trabajando para los privilegiados. Incluso una estructura temporal puede  convertirse en un hogar»

«La gente no muere por los terremotos, muere por el derrumbe de los edificios. Esa es la responsabilidad de los arquitectos, pero los arquitectos no están ahí cuando las personas necesitan algún tipo de estructura temporal porque estamos demasiado ocupados trabajando para los privilegiados. Incluso una estructura temporal puede  convertirse en un hogar»

Seguramente, el hecho de pertenecer a una familia adinerada y sin problemas económicos le sirvió a Ban para darse cuenta de que quienes de verdad requerían sus servicios eran precisamente aquellos que no podían pagarle. Por eso decidió que, a partir de entonces, dedicaría la mitad de sus esfuerzos a los más necesitados. Proyectar museos y grandes complejos le serviría para recaudar fondos que posteriormente destinaría a seguir investigando y mejorando sus estructuras de cartón.

Más tarde, en 1999, decidió echar un cable a los refugios que estaba fabricando la ONU en Ruanda para los damnificados de la guerra civil. Allí estaban suministrando cubiertas de plástico y tubos de aluminio que se estaban vendiendo en el mercado negro, para luego ser reemplazados por ramas de árboles talados. Para evitar esta deforestación incontrolada, el arquitecto japonés ofreció sus estructuras de papel. Su solución volvía a funcionar para dar cobijo temporal en una situación de necesidad.

Al recubrir los tubos de cartón con tratamientos químicos, estos son capaces de soportar la lluvia y retardar la llama, en caso de que se produzca un incendio. Reforzando los puntos débiles del cartón, Shigeru había logrado un material muy fácil de producir, ligero de transportar, rápido de colocar, que no deja casi residuos en obra y con buenos comportamientos acústicos y térmicos.

Sin olvidarnos de que puede ser fabricado en prácticamente cualquier parte del mundo, gracias al papel reciclado. Sus investigaciones le permitieron seguir profundizando en mejorar la resistencia de este elemento estructural y utilizarlo en proyectos de mayor envergadura.

En el año 2011, la ciudad de Christchurch, en Nueva Zelanda, sufrió dos terremotos de 6,3 grados de magnitud con solo cuatro meses de diferencia. Su catedral neogótica de 130 años de antigüedad había quedado tan dañada que no pudo reconstruirse y las autoridades decidieron demolerla por completo. Es aquí cuando Ban entró de nuevo en escena, aprovechando que ya había creado una iglesia de papel en Kobe como espacio sagrado temporal. 

En esta nueva catedral utilizó madera laminada en el interior de los tubos, formando unos pórticos de 21 metros de altura, y en la base colocó ocho contenedores de acero para contrarrestar las cargas horizontales de la cubierta. Una catedral pensada para 700 personas y planteada como lugar de culto, pero también como espacio donde se pudieran organizar conciertos, exposiciones y eventos. El mobiliario, por supuesto de cartón, también fue diseñado por el arquitecto.

Un año después, Shigeru Ban recibía el premio Pritzker que lo reconocía como mejor arquitecto del mundo. 

Sus estructuras de papel han ayudado a cientos de personas que habían perdido su hogar en catástrofes naturales y bélicas. Todo gracias a un armazón polivalente que busca economizar cada uno de los procesos constructivos en los que interviene. Gracias a este sistema, montó su estudio de arquitectura en la cima del Centro Pompidou en París y, como cuenta con gran sentido del humor, le sirvió para no pagar ni un céntimo de alquiler durante seis años.

Sus cilindros de cartón han demostrado cómo la buena arquitectura, la que se piensa para ayudar desinteresadamente a la gente, sirve para que los más perjudicados recuperen la fe en situaciones de emergencia. Como dice Ban, «incluso un edificio de cartón puede permanecer si entusiasma a la gente».

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